Dolor agudo de rodilla

El dolor agudo es el que aparece de repente, con o sin motivo aparente, que debuta con dolor intenso, posible impotencia funcional y, en ocasiones, inflamación. Pongamos, por ejemplo, el dolor de rodilla.

Ante este dolor solemos ir al médico, le decimos “me duele aquí” y nos señalamos una zona imprecisa, con la palma de la mano, por ejemplo, de la parte interna de la rodilla, el médico nos mira la zona comprometida, nos hace las preguntas pertinentes y finalmente nos manda una radiografía (RX) o una Resonancia magnética (RM) para tener alguna prueba que le ayude en el diagnóstico y/o analgésicos para el dolor.

¿Y si no tenemos nada?, ¿Cómo actúo cuando no hay un diagnóstico?

Pongamos por caso que ninguna de las pruebas arroja resultados que expliquen el motivo de nuestro dolor y que lo único que hace efecto es la pastilla analgésica durante las horas en las que actúa. Esto se debe a que, muchas veces, el dolor es provocado por movimientos y posiciones incorrectas que dañan los tejidos articulares, por calzados que no nos van bien, por sobreesfuerzos para los que no estamos preparados, por movimientos repentinos que comprometieron durante un momento alguna parte de nuestro cuerpo que no debía comprometerse de esa manera tan agresiva.

Yo misma soy un ejemplo de lo desconcertante que puede ser la aparición de algo sospechoso y doloroso en el cuerpo, algo que me obligó a parar y pensar seriamente en los motivos de semejante perturbación. Me habían salido unos bultitos en la segunda falange de los dedos de las manos, en todos menos en los pulgares.

¿Se trataba de artrosis?, ¿líquido sinovial enquistado?, ¿cáncer de huesos?, ¿enfermedad rara?, todo esto y mas pasó por mi cabeza pues tengo un problema con lo que puedo llegar a imaginar cuando se trata de dolor y es que nos hacemos una idea demasiado enrevesada sobre lo que algo que duele puede llegar a ser y, sin embargo, pasamos por alto detalles que no parecen importantes pero que, muchas veces, son la respuesta al problema.

La pregunta que faltaba por hacer era ¿Qué estoy haciendo con las manos que me está produciendo estos bultos?. Observé y si que hacía algo, una cosa que debe venirme de muy atrás, tan atrás como miles de años porque se trataba de apoyar las manos como un mono, con los dedos flexionados, para levantarme del suelo, abrir las puertas correderas y hasta para presionar el botón de la cisterna del inodoro. Dejé de hacerlo y en unos meses desaparecieron los bultos.

            Con esto no quiero decir que practiquemos el autotratamiento, todo lo contrario, investiguemos todo lo necesario para estar mejor. Hemos de pedir ayuda e ir al médico pero, conjuntamente, también hemos de responsabilizarnos de nuestro dolor y buscar los motivos de su aparición. Motivos que pueden estar en la alimentación, en el movimiento, en la postura, en una mala gestión del estrés y cambios en los hábitos de vida.

Obsérvate, escúchate más, habla contigo, siente tu cuerpo y, sobre todo, cumple las reglas de la buena postura, siéntate con la cadera neutra, camina erguido, no te desparrames en el sofá durante horas y horas con el cuerpo abandonado de cualquier manera, coloca el ordenador frente a ti y no a un lado, utiliza zapatos que sean cómodos y aporten salud a tu pisada, aleja los hombros de las orejas cuando estés realizando una tarea que te absorbe, etc.

Son muchas cosas que han de sumarse a todas esas que ya forman parte de nuestra vida, de nuestro proceder. Han de sumarse sin pereza, entendiendo que esas cosas nunca debieron ser ajenas a nosotros.

En el caso de la rodilla ¿te has parado a observar si tienes valgo o varo de rodilla o como entras y sales del coche?. ¿Has empezado a correr sin haber hecho una preparación previa? ¿sabes si tu pisada es pronadora o supinadora y tu calzado es o no es el adecuado?

Te dejo un vídeo de rodilla para ir entendiendo algún concepto

Ante estas y otras preguntas hay respuestas pues se trata de conocer de lo que se habla, de conocer el cuerpo, su biomecánica, sus partes y, sobre todo, que movimientos, acciones o hábitos pueden dañarlo. Este conocimiento está de la mano de terapeutas físicos, osteópatas, fisioterapeutas y médicos traumatólogos.

Por Vicky Timón

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